{"id":841,"date":"2019-01-25T11:21:45","date_gmt":"2019-01-25T14:21:45","guid":{"rendered":"https:\/\/mauricioalvez.com.ar\/?p=841"},"modified":"2019-02-20T21:19:40","modified_gmt":"2019-02-21T00:19:40","slug":"extraccion-de-sergio-alvez-literatura2019-cuentos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/mauricioalvez.com.ar\/2018-2023\/2019\/01\/25\/extraccion-de-sergio-alvez-literatura2019-cuentos\/","title":{"rendered":"Extracci\u00f3n de Sergio Alvez #Literatura2019 #Cuentos"},"content":{"rendered":"<p>Publicado en la cuenta de Facebook de Sergio Alvez\u00a0<a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/sergio.alvez.96\/posts\/2099012036851636\">https:\/\/www.facebook.com\/sergio.alvez.96\/posts\/2099012036851636<\/a><\/p>\n<p>La cirug\u00eda est\u00e1 programada a las cuatro. Una muela del juicio debe ser extra\u00edda, porque ya los dolores que me provocan ascienden internamente por la mejilla y llegan incluso a la sien. Hoy se termina. Hoy le digo adi\u00f3s al dolor. Llego caminando a la cl\u00ednica. Una vez adentro, el aire acondicionado logra secarme parte del mar de sudor que me empapa el rostro. Afuera, cuarenta grados de t\u00e9rmica. Relleno la planilla.<br \/>\n\u2014 Espere un momento, el doctor debe estar por llegar.<\/p>\n<p>Me siento. Muevo las rodillas. Debo reconocer que siento algo de nerviosismo, y que esa sensaci\u00f3n se asocia al temor ante la posibilidad de sentir dolor. Me tomo una selfie. La observo unos segundos. Enseguida me doy cuenta que no tiene ning\u00fan sentido envi\u00e1rsela a nadie. Quiz\u00e1 a mi madre, pienso. Borro la foto. Un hombre irrumpe en el lugar. Viste un ambo. Lleva un malet\u00edn y una sonrisa leve. No tiene el menor resquicio de transpiraci\u00f3n, por lo que deduzco que acaba de bajar de su auto con aire acondicionado, que habr\u00e1 estacionado frente a la cl\u00ednica. Sin duda es el cirujano. El Dr. J.V. Avanza por el pasillo, y saluda de manera general a las cinco personas que estamos sentadas en el sector de espera.<\/p>\n<p>S\u00e9 que soy el primer paciente de la tarde. Finalmente ingresa a su consultorio. Cierra la puerta. Aprovecho el instante para apagar el celular, guardarlo en la mochila junto a las llaves, y sacar la carpeta con la radiograf\u00eda panor\u00e1mica de mis dientes, realizada el d\u00eda anterior en otro lugar.<br \/>\nLa puerta del consultorio se abre. El Dr. J.V se asoma. Suavemente llama:<br \/>\n\u2014Alvez<\/p>\n<p>El sill\u00f3n dental es, b\u00e1sicamente, azul, como el ambo de J.V. Dejo la mochila sobre una silla, no sin antes entregarle al cirujano la radiograf\u00eda y mi carnet de afiliado a la obra social. Me acuesto. Respiro profundo. Todo lo profundo que puedo sin que se note demasiado el nerviosismo. Sos un cag\u00f3n, lanza una voz en mi conciencia, irreverente e inidentificable.<br \/>\nEl Dr. J.V me hace las preguntas de rigor.<br \/>\n\u2014\u00bfAlergias? \u00bfAlergia a la anestesia?<br \/>\n\u2014Ninguna. No.<br \/>\n\u2014\u00bfEnfermedades?<br \/>\n\u2014Nada<br \/>\n\u2014\u00bfEst\u00e1 tomando alg\u00fan medicamento?<br \/>\n\u2014No.<\/p>\n<p>Se terminan las preguntas y un ef\u00edmero silencio atraviesa el diminuto consultorio. Siento que el coraz\u00f3n me late un poco m\u00e1s r\u00e1pido que lo habitual.<br \/>\n\u2014Abr\u00ed la boca. Eso. Gir\u00e1 un poco m\u00e1s la cabeza para este lado. Eso, as\u00ed. Perfecto.<br \/>\nLa aguja de la anestesia atraviesa el tejido de la enc\u00eda. Pasan los minutos. La zona se enrarece. J.V golpetea levemente la muela en cuesti\u00f3n, oculta en lo profundo de esa esquina de mi boca.<br \/>\n\u2014\u00bfDuele?\u2014 pregunta.<\/p>\n<p>Levanto un brazo, extiendo el dedo \u00edndice y lo muevo de un lado a otro.<\/p>\n<p>Entonces, sucede. Un instrumento que no podr\u00eda asegurar que es (intuyo un f\u00f3rceps) impacta con un punto nervioso en mi enc\u00eda, y siento un espasmo de dolor espeluznante, el\u00e9ctrico, un colapso enloquecedor. De mis ojos brotan autom\u00e1ticamente un par de lagrimones y mis manos se aferran como garras desesperadas a los costados de la silla azul. Las piernas se me entumecen.<br \/>\nComo el tormento no cesa, sino que aumenta en intensidad, fuera de m\u00ed, cometo lo que para el gremio de dentistas debe ser un sacrilegio: detengo con ambas manos el brazo ejecutante del cirujano.<\/p>\n<p>Balbuceante, intento expresar que me duele. El intento est\u00e1 de m\u00e1s.<br \/>\nJ.V ya retir\u00f3 el f\u00f3rceps. Siento ahora las l\u00e1grimas transitar mis p\u00f3mulos. Puedo estar seguro: jam\u00e1s en la vida sent\u00ed tanto dolor. Nunca un sufrimiento f\u00edsico me hab\u00eda atravesado de tal manera. La angustia es atroz.<\/p>\n<p>\u2014Tranquilo. Vamos a reforzar la anestesia.<\/p>\n<p>Otro pinchazo en la enc\u00eda. Tras una batalla que dura pocos minutos, J.V consigue extraer la muela. Yo estoy como en trance. Bajo el influjo de ese dolor tan feroz como novedoso, mis ideas divagan, perdidas y desordenadas, por oscuros rincones. Pienso en la tortura. En aquellas personas que realmente la sufrieron.<\/p>\n<p>Cuando al fin puedo sentarme, el cirujano me explica en detalle c\u00f3mo seguir con los cuidados. Intento concentrarme. Prepara la orden de medicamentos. Incluye una inyecci\u00f3n intramuscular que deber\u00e9 aplicarme al salir, en un sanatorio que queda a pocas cuadras de ah\u00ed. En un rapto de lucidez le pido el certificado m\u00e9dico para el trabajo. Lo necesitar\u00e9. Guardo todo lo que me da en la mochila, le doy la mano y las gracias. Salgo del consultorio, mareado, bajo las escaleras. Salgo a la calle. Cuarenta grados de t\u00e9rmica. Es como si un taladro a baja velocidad y de mecha fina estuviera coqueteando con mi enc\u00eda. No descarto la posibilidad de un desmayo. Sigo andando.<\/p>\n<p>Quisiera incluso, desmayar y que de ese modo el dolor llegue a su fin. Ojal\u00e1 lo que me haya recetado sea morfina, ruego. Sudado nuevamente, ingreso al sanatorio. Est\u00e1 repleto de pacientes en espera. En Mesa de entradas, babeando y con la lengua arrastrada por tanta anestesia, explico a la mujer de la mesa de entrada lo que necesito. Me manda a Guardias.<br \/>\n\u2014\u00bfTrajo la ampolla?\u2014me preguntan ah\u00ed.<\/p>\n<p>Salgo a la calle de nuevo. Camino hacia la farmacia. Son unos pocos metros. Compro la ampolla. Un rato despu\u00e9s golpeo la puerta de enfermer\u00eda. Me atienden y reciben la ampolla. La preparar\u00e1n y me llamar\u00e1n. Me siento y observo a la gente a mi alrededor. Es como si a todos nos hubieran robado la sonrisa. Se abre la puerta de Enfermer\u00eda.<br \/>\n\u2014Alvez<\/p>\n<p>Entro. Me acuesto boca abajo. Pelo culo. Me inyectan. Agradezco. Me voy. Antes de salir del sanatorio, aprovecho el agua del dispenser para mandarme el antibi\u00f3tico y el analg\u00e9sico, juntos.<br \/>\nVuelvo a la vereda. Enero es un averno. La ciudad llamea con sa\u00f1a. Fuego. Entre el calor\u00f3n y los r\u00edos de f\u00e1rmacos que surcan mi organismo, siento que floto, y comienzo a sonre\u00edr porque algo estupendo ocurre: el dolor comienza a descender.<\/p>\n<p>Con esta creciente alegr\u00eda, llego a casa.<br \/>\nPasar\u00e1 un rato. No recuerdo cuando me dorm\u00ed. Pero ahora estoy en mi cama, semi-despierto, embotado a\u00fan, pero el dolor que siento es apenas una d\u00e9bil sombra de lo que fue.<br \/>\nFrente a m\u00ed, el rostro de mi hija.<br \/>\n\u2014\u00bfEst\u00e1s mejor? \u00bfTe sigue doliendo?<br \/>\n\u2014Ya casi no me duele.<br \/>\n\u2014Te dije, el dolor siempre pasa.<\/p>\n<p>Fin<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/scontent.fpss1-1.fna.fbcdn.net\/v\/t1.0-1\/c0.32.160.160a\/p160x160\/37783645_1833297666756409_1053339724321652736_n.jpg?_nc_cat=110&amp;_nc_ht=scontent.fpss1-1.fna&amp;oh=6d1955e0b74a9ce0f9fa83511abdb08d&amp;oe=5CFA1781\" \/><\/p>\n<p>https:\/\/www.facebook.com\/sergio.alvez.96\/photos?lst=100013176249460%3A100002285818191%3A1548425777<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Publicado en la cuenta de Facebook de Sergio Alvez\u00a0https:\/\/www.facebook.com\/sergio.alvez.96\/posts\/2099012036851636 La cirug\u00eda est\u00e1 programada a las cuatro. 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